Por Ana Lucía Restrepo, voluntaria del MPDL Cantabria

Al atardecer del 24 de noviembre de 2025, en la Universidad de Cantabria participé en un taller, formando parte de un grupo de ocho personas migrantes y un grupo de alrededor de treinta estudiantes de la clase de Desarrollo de Competencias Personales para Docentes. La jornada se realizó bajo la modalidad de Bibliotecas Humanas, facilitada por la Facultad de Educación y el Movimiento por la Paz -MPDL-.

En este evento tuve el rol de libro, a disposición de un grupo de cinco chicas estudiantes, en calidad de lectoras. Luego de presentarnos les narré, por algo más de 30 minutos, algunas de mis experiencias de vida tenidas en mi país antes de migrar. Entre otros temas abordados, y como simultáneamente lo estaban haciendo los otros grupos, conversamos sobre las razones que nos urgieron a migrar; la acogida, el transcurrir de nuestras vidas y perspectivas en Santander, igual que ahondamos en estos u otros tópicos a solicitud de las estudiantes.

Titulando el libro

Tal como en los otros grupos, y producto de reflexionar sobre las vivencias escuchadas, mi equipo cumplió con la misión de poner un título al libro, mismo que debía ajustarse a las emociones o sensaciones tenidas, o bien que describiera brevemente la idea medular del contenido del libro. Esto, títulos y un brevísimo resumen de ciertos hechos narrados por los libros, fue compartido en plenario y, así, finalizó esta enriquecedora jornada.

Mi experiencia en esta la biblioteca humana me pareció algo diferente a la del año anterior, en la que también participé. Si bien, y posiblemente debido a que en esta ocasión la actividad pareció estar menos estructurada, en mi grupo la jornada transcurrió muy relajadamente, el tiempo pareció holgado.

Inusitadamente, en mi grupo, las estudiantes mostraron alguna vacilación al escoger el título. Tuve la impresión de que, probablemente, se les dificultó conectar mi narración con los valores y actitudes precisas para bien acoger y convivir con personas migrantes. Puede que no me percatara atinadamente de que debía procurar esa guía, por lo que me quedé con la sensación de no haber logrado a plenitud los objetivos de sensibilización a quienes están en formación para formar a las siguientes generaciones santanderinas.

Posiblemente sea solo mi percepción, por desconocer si este taller se liga a anteriores y posteriores contenidos informativos y formativos tendientes a fortalecer valores y actitudes de buena vecindad en el estudiantado, lo mismo que para procurar que sus futuros alumnos los interioricen para su práctica cotidiana.

Riqueza cultural, económica y social

En una reunión posterior, entre las personas que participamos como libros, llegamos a la convicción de que participar en este, lo mismo que en futuros eventos similares, es mutuamente enriquecedor, puesto que nos permite mostrar en forma personal y enfática que, como migrantes aportamos a Santander, y muy concretamente a sus vecinos y vecinas, diversidad a la riqueza cultural con nuestra gastronómica y tradiciones, así como riqueza económico social, con nuestro trabajo y emprendimientos; lo mismo que asimilamos las costumbres, usos y tradiciones cántabras al sabernos bien acogidos.

También coincidimos en sentirnos positivamente sorprendidos, sobre todo quienes participaron por primera vez en este tipo de taller, en tanto que esta modalidad permite mucha comodidad para hablar sobre nuestras vivencias, que en algunos momentos se refieren a tramos dolorosos o vivencias en entornos de conflictivo; temas a los cuales los estudiantes prestan interés y se decantan por ahondar en ellos.

Asimismo, coincidimos en que las narraciones conmovieron y asombraron al estudiantado, que en todo momento se mostró muy respetuoso y comprensivo respecto a nuestro anhelo de ubicarnos, junto a nuestra familia, en entornos seguros, para el mejor crecimiento y desarrollo personal y el de nuestros hijos e hijas; comprendiendo que retornar a nuestros países de origen no es una opción y en algunos de los casos solo puede ser de visita.

Y, finalmente, creemos que estos encuentros nos permiten percatarnos, tanto a migrantes como a estudiantes, que las diferencias vistas como amenazas o con miedo son infundadas; conocernos el uno a la otra cimenta el respeto, la seguridad, la amistad y el amor, todo ello como condición necesaria para que prime la buena y provechosa vecindad.